Un choque cultural entre mérito deportivo y la búsqueda de un negocio cada vez más lucrativo: los propietarios de los clubes e inversores fundadores de la Superliga europea son criticados de manera abrumadora por hinchas y jugadores por ir en contra del carácter popular del fútbol. “Creado por los pobres, robado por los ricos”: una pancarta desplegada el lunes por varios aficionados cerca del estadio del Manchester United, el emblemático Old Trafford, fue muy difundida por las redes sociales y resumía para muchos románticos del fútbol el sentimiento por el conflicto recién desatado sobre las competiciones europeas del futuro.
El proyecto de una Superliga privada, liderada por doce grandes clubes europeos de los cuales siete están mano de fondos o accionistas extranjeros, “escupe en la cara” de los “amantes del fútbol”, afirmó con vehemencia el presidente de la UEFa, Aleksander Ceferin, lamentando la “codicia” de algunos dirigentes.
“El fútbol no pertenece a nadie”, sentenció.
El técnico del Manchester City, Josep Guardiola, mostró su desacuerdo este martes con el proyecto pese a que su club es uno de los fundadores.
El técnico del Manchester City, Josep Guardiola, el 16 de marzo de 2021 en Budapest, Hungría© AFP/Archivos Attila Kisbenedek
“El deporte no es deporte cuando no existe la relación entre esfuerzo y recompensa. No es deporte si el éxito está garantizado o si perder no tiene ninguna importancia”, afirmó en alusión a que quince equipos tendrían garantizada su presencia en la competición de manera fija, sin importar sus resultados.
Pese a la desaprobación general de sus propios grupos de hinchas y sin consultar a jugadores o a cuerpos técnicos en algunos casos, los doce clubes fundadores de la Superliga lanzaron un torneo que hace temblar a la Liga de Campeones (antes Copa de Europa), creada en 1955.
El ‘efecto USA’ en el fútbol
¿Y por qué renunciar así a los valores iniciales de las competiciones europeas de clubes, que incluyen a equipos de todos los campeonatos del continente con un acceso abierto según los méritos deportivos?
“En cierta medida, es una evolución lógica de un proceso que se sentía ya en marcha, el fútbol-negocio. El fútbol no es únicamente un deporte profesional en el que el dinero sirve para ganar. El horizonte de los clubes cambia, ya no es europeo sino mundial. A ese nivel, el fútbol llega a uno de los efectos de la globalización, la americanización del mundo”, analiza para la AFP Paul Dietschy, historiador del fútbol.
Un cartel en contra de la Superliga, el 19 de abril de 2021 en Leeds, Reino Unido© AFP Paul Ellis
Ligas norteamericanas cerradas como la NBA (básquetbol) o la NFL (football americano), ambas muy lucrativas, pueden haber servido de modelo a los impulsores de la Superliga europea.
“El deporte estadounidense está históricamente muy concentrado en los beneficios”, señala Chris Winn, investigador de la University Campus of Football Business (UCFB).
“No es una coincidencia que haya un núcleo duro estadounidense en el corazón de estas propuestas de Superliga. La élite del fútbol europeo busca una parte del pastel garantizada cada año”, apunta.
En un punto opuesto a esta visión capitalista están algunas viejas glorias de este deporte o jugadores actuales, para los que la Superliga europea es complicada de digerir porque consideran que contraviene la cultura popular del fútbol.
“Me enamoré del fútbol (…) con el sueño de ver al club de mis amores jugar contra los equipos más grandes. Si esta Superliga avanza, todos esos sueños van a desaparecer”, se entristeció el jugador español del París Saint-Germain Ander Herrera. “Los ricos han robado lo que la gente ha creado”, apuntó.
El portugués del Manchester United Bruno Fernandes publicó en redes sociales que “los sueños no pueden ser comprados”.
Romanticismo VS. ‘Management’
Sin embargo “hay que desconfiar del romanticismo aplicado al fútbol”, alerta Paul Dietschy. “Los más ricos siempre han dominado. Lo que cambia es que hoy el dinero no sirve para ganar sino para obtener beneficio”.
Un aficionado del Tottenham Hotspur sostiene una pancarta en contra de la Superliga, en el norte de Londres, el 19 de abril de 2021© AFP Tolga Akmen
En Alemania, el ratio de ‘románticos’ en favor del viejo fútbol parece tener firmes defensores. El Bayern Múnich y el Borussia Dortmund, acostumbrados a las fases finales de la Liga de Campeones, se han posicionado en contra de la Superliga.
Ambos clubes, cuyos hinchas-miembros ostentan la mayoría de las acciones, tienen una masa social compuesta por miles de fans muy tradicionales y que ven con preocupación el auge del fútbol-negocio en los últimos años.
En el Bayern, la responsabilidad directiva se confía a grandes exjugadores como Uli Hoeness, Karl-Heinz Rummenigge, Oliver Kahn o Hasan Salimamidzic. En varios casos de los clubes disidentes impulsores de la Superliga la propiedad ha pasado a manos extranjeras, como el Inter de Milán con el grupo chino Suning o el Chelsea con el oligarca ruso Roman Abramovich.
“Los dirigentes de esos clubes son personas formadas en grandes escuelas de negocios, tienen como lógica la empresa, el beneficio”, subraya Paul Dietschy.