Evangelio de hoy

MARTES DEL TIEMPO DE NAVIDAD

FIESTA DE SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA. OCTAVA DE NAVIDAD

Evangelio según San Juan 20, 1-8

 “Él también vio y creyó”

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto la cabeza de Jesús; éste no estaba caído con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Palabra del Señor.

Meditación

El Evangelio centra en el sepulcro vacío y en la fe del discípulo que Jesús más amaba (apóstol y evangelista, a quien recordamos). Acontecimiento que ha tenido lugar en el primer día de la semana y del cual han participado tres discípulos muy cercanos para Jesús y la comunidad primitiva. María Magdalena y el discípulo que Jesús amaba estaban al pie de la cruz (cf. Jn 19,25-26), mientras que Pedro recibirá la misión de apacentar el rebaño (cf. Jn 21,15-17); el discípulo amado es mencionado por última vez en el diálogo entre Jesús y Pedro (cf. Jn 20,21); este discípulo es el modelo de todo discípulo, quien permanece fiel hasta que el Señor vuelva y el que da testimonio de todo lo acontecido acerca de la Palabra de la vida (cf. Jn 21,23-24; 1 Jn 1,1).

Si nos reducimos sólo a la muerte, estamos en lo antiguo, como los discípulos de Emaús, porque así vence el mal, el pecado, la muerte: Pero “si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes” (1 Cor 15,14); y “Dios lo resucitó de entre los muertos” (Hch 10,40), pues “la fe de los cristianos es la resurrección de Cristo” (San Agustín). Cuando el Padre resucitó a Jesús, venció a la muerte, derrotó al mal y al pecado con su condena. La resurrección es la victoria de Jesús, su triunfo final y el nuestro.

Misterio para creer y contemplar, pues necesitamos una fe enamorada como la de María Magdalena para descubrir esta nueva Presencia del Señor Resucitado en medio nuestro, en nuestra vida de cada día. No busquemos a Jesús entre los muertos, Él está Vivo y nos quiere vivos, está en y con nosotros, nunca se va. Alegría, alegría, Él está Vivo y es nuestra alegría y esperanza, nada está perdido, cada uno venimos a ofrecer nuestro corazón, un corazón lleno de Dios, lleno de vida.

Perdón Señor porque muchas veces vivimos angustiados, tristes y desesperanzados, como muertos en vida, sin dimensionar el poder que tienes, toda vez que se te diga sí, para darnos la alegría, la paz, la esperanza y la vida plena. Ayúdanos a saborear el misterio de tu Pasión-Muerte-Resurrección en nuestro día a día, sin quejarnos por las adversidades o sufrimientos que debemos pasar. Gracias porque estás Vivo en y con nosotros, el mismo crucificado es el resucitado, haciéndonos contemplar también nuestro destino. Amén.