Evangelio de hoy

Memoria de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María

Martes de la 17ª Semana del Tiempo Durante el Año

“Felices los ojos de ustedes, porque ven”

Evangelio según San Mateo 13, 16-17

Jesús dijo a sus discípulos: “Felices los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

Palabra del Señor.

Meditación

La revolución de la ternura. La tradición bíblica hace elogio de sus ilustres (ver Eclo 44, 1-8) que nos hace pensar en quienes fueron a las 2 guerras. Gracias a la fe y a nuestros mayores somos herederos de una hermosa tradición. Si en otras épocas cuidábamos a la familia y a nuestros mayores, hoy día por falta de fe y de justa valoración de la vida, de la unidad, fraternidad, amistad social, se descarta a los abuelos. Ellos enseñaron a rezar, a soñar un futuro mejor, a luchar por los ideales y proyectos. Las cuestiones de los males y los malos, del pecado, del ritmo de vida, los problemas y las iniquidades e inequidades, fomentan un egoísmo que descarta a los abuelos y mayores.

Ya decía S. Pedro Crisólogo: “Desde que Dios ha visto que el mundo estaba trastornado por el temor, ha puesto en acto su amor para llamarlo de nuevo a sí, su gracia para invitarlo, su ternura para abrazarlo” Y meditando en la historia de salvación, “en todos estos acontecimientos, la llama de la caridad divina ha abrazado el corazón de los hombre.., y éstos, con el alma herida, han comenzado a desear ver a Dios con sus ojos de carne… El amor no se conforma con no ver al que ama. ¿Acaso los santos no han considerado como cosa sin importancia todo lo que podían obtener, a no ser el ver a Dios?… Que nadie, pues, piense que Dios se ha equivocado viniendo a los hombres a través de un Hombre. Se ha encarnado entre nosotros para ser visto por nosotros.

La revolución de la ternura propuesta por el Papa Francisco nos transmite una fortaleza y una gran esperanza, en un mundo más humano y justo.

 

Por el honor de tu nombre, líbranos, Señor!

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;

que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.