Evangelio de hoy

LUNES DEL TIEMPO DE NAVIDAD

FIESTA DE SAN ESTEBAN, PRIMER MÁRTIR. OCTAVA DE NAVIDAD

Evangelio según San Mateo 10, 17-22

 “Aquel que persevere hasta el fin se salvará”

Jesús dijo a sus Apóstoles: Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes. El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. Palabra del Señor.

Meditación

“san Esteban, el primer mártir, conoció a Jesucristo y optó por él y su mensaje, aun cuando esto significara la muerte. Su martirio se produjo alrededor del año 34 d.C.”. Jesús pide ser prudentes, no desafiar el martirio, pues se dará necesariamente en la medida en que se viva radicalmente la vida cristiana. Las ovejas deben huir de los lobos, por ello hay que recurrir a la astucia de la serpiente y a la sencillez de la paloma. Prudencia ante los hombres, refiriéndose a los impíos, los alejados de Dios, hombres enemigos de Dios y de aquellos que no creen en Él, es decir, los hombres que no podrían comprender los caminos de Dios (cf. Mt 16,23).

Se les llevará a los discípulos del Señor ante tribunales y serán juzgados porque son mensajeros y predicadores de la Palabra de Dios. En los Hechos de los Apóstoles encontraremos una gama de experiencias en este sentido, por ejemplo, con Pedro y Juan, y los demás apóstoles también. Así, la Palabra de Dios, es anunciada en los tribunales, hombres doctos que están juzgando y llegan a no entender cómo unas personas sin ilustración hablan brillantemente en su propia defensa (cf. Hech).

Dios nos llama a saber que participamos del destino de nuestro Maestro, incluyendo la persecución en distintas formas y niveles, pero para ello, quien vive su fe con parresía (con valentía) comprende que el Señor lo protegerá y nada sucederá fuera de su Divina Providencia (porque Él siempre busca nuestro bien). Sabemos que “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom 8,31), y también lo dijo: “Todo lo puedo en Cristo quien me fortalece” (Filip 4,13). El creyente que vive su Amor, le vive a Cristo, quien le mociona lo que debe hacer y cómo hacerlo. Cuando nuestra configuración con Cristo es tal, es Él todo en nosotros: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20).

Perdón Señor porque muchas veces tenemos tanto miedo a defenderte, a defender lo esencial: la Eucaristía, tu Presencia viva y la fe entre gente que piensa y cree distinto. Ayúdanos a entender que si Tú estás presente no permitirás que nos pase nada malo, y si padecemos persecuciones es para dar testimonio de lo importante que eres para cada uno de nosotros, porque hasta el cielo no paramos. Gracias por hacernos parte de tu vida total: Pasión-Muerte-Resurrección-Glorificación. Amén.