Lunes de la 21ª Semana del Tiempo Durante el Año

La Santísima Virgen María, Reina

 “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”

Evangelio según San Lucas 1, 26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y se le llamará Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. María dijo al ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no convivo con ningún hombre?”. El ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será santo y se le llamará Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el ángel se alejó. Palabra del Señor.

Meditación

Para nosotros, del Paraguay -y del mundo entero-, tierra de María, nos inunda de alegría poder celebrar la fiesta de la Bienaventurada Virgen María, Reina. Ciertamente con los años se la ve con la realeza de los seres humanos en la tierra, pero su realeza está llena de amor, de ternura, de humildad y sencillez, como madre de la misericordia intercede por la salvación de todos nosotros a pesar de nuestros pecados. Si su Hijo es Rey del Universo, ella con todos los atributos favorecidos por Dios, también es la Reina de todo lo creado. Así, en la octava de la Asunción, celebramos su coronación como Reina, fiesta instituida por el Papa Pío XII en 1954, manifestando al mundo que nos precede en la gloria, resucitada al lado de su Hijo, esperando que todos lleguemos a estar con ella en la eternidad.

La disponibilidad a Dios se encuentra en la voluntad de asumir las necesidades del prójimo. Todo esto sin clamor y sin ostentación, sin buscar un puesto de honor, sin publicidad, porque la caridad y las obras de misericordia no necesitan ser exhibidas como un trofeo. Las obras de misericordia se hacen en silencio, en secreto, sin jactarse de hacerlas. También en nuestras comunidades estamos llamados a seguir el ejemplo de María, practicando el estilo de discreción y ocultación. Que la fiesta de María Reina de todo lo creado, nos ayude a hacer de toda nuestra vida un “sí” a Dios, un “sí” lleno de adoración hacia Él y de gestos cotidianos de amor y de servicio. Pero, sobre todo, un sí a la vida desde su concepción, durante todo su desarrollo y hasta su muerte natural. Imploramos todas las bendiciones para los hermanos que están ante la adversidad de la enfermedad y los sinsabores de este tiempo.

Perdón Señor, porque muchas veces no valoramos en su plenitud cuánto nos amas al regalarnos a tu Santísima Madre, la Reina de todo lo creado y de nuestra familia, quien comparte con nosotros el favor de ti. Ayúdanos a dirigirnos con mayor profundidad e intensidad a ti, orando el rosario y oraciones que nos entregas y que ella reine en nuestras actitudes entre los miembros de nuestra familia y comunidad. Gracias por inundar a María, Madre tuya y Madre nuestra, con el Espíritu Santo, y ser la llena de Gracia quien procura permanentemente porque haya paz en el mundo entero. Amén