La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, sobrevivió el martes a una moción de censura y prometió no ceder a las tácticas de «intimidación» como consecuencia de un escándalo político que amenazó su proyecto independentista antes de unas elecciones regionales claves.

El voto de censura, presentado en el Parlamento autónomo escocés por el Partido Conservador del primer ministro británico Boris Johnson, fue tumbado por 65 votos contra 31 y 27 abstenciones.
La moción fue presentada después de que el informe de una comisión de investigación, presentado por la mañana, determinase que la primera ministra “engañó” al Parlamento sobre unas acusaciones de agresión sexual contra su predecesor, Alex Salmond, que fue finalmente absuelto por la justicia en 2020.
Dicha comisión parlamentaria, encargada de esclarecer cómo gestionó el gobierno autónomo escocés las acusaciones, encontró contradicciones en lo relatado por Sturgeon sobre una reunión de abril de 2018.
Según el informe, en contra de lo que afirmó la primera ministra, ésta habría dado a entender a su predecesor y exmentor que intervendría en el caso.
La comisión consideró que dicho “engaño” podría constituir una “violación potencial” del código de conducta del gobierno. Sin embargo, sus miembros aceptaron las conclusiones de otra investigación independiente, publicada el lunes, en la cual el exfiscal James Hamilton exoneró a Sturgeon de cualquier infracción, dándole una importante victoria en un momento clave para el proyecto independentista.

“Si creen que pueden intimidarme para que deje el cargo, se equivocan”, dijo la líder independentista a los diputados opositores el martes. “Si quieren destituirme como primera ministra, háganlo en unas elecciones”, agregó.
“Lo que más importa es la confianza del pueblo de Escocia, y la confianza del pueblo es lo que intentaré demostrar e intentaré ganar en las próximas semanas”, afirmó.
El escándalo, que llevó a la oposición a pedir la dimisión de Sturgeon, hizo temblar al SNP justo antes del inicio de la campaña para las legislativas regionales del 6 de mayo.
La formación, que actualmente gobierna en minoría, espera arrasar y presentar a Londres su aplastante resultado electoral como un mandato para organizar un segundo referéndum de autodeterminación de Escocia al que Johnson se opone férreamente.
Según un anteproyecto de ley presentado el lunes ante el Parlamento escocés, la pregunta formulada —“¿Debe Escocia convertirse en un país independiente?”— seguiría siendo la misma que en 2014, cuando esta nación británica de 5,5 millones de habitantes decidió por un 55% permanecer en el Reino Unido.
En aquella ocasión el principal argumento contra la independencia fue el riesgo de quedar fuera de la Unión Europea.
Paradójicamente, dos años después, el conjunto del Reino Unido votó a favor del Brexit y los escoceses, que se opusieron en 62% a salir del bloque, se vieron fuera de él contra su voluntad.