El Papa denuncia que también existe el «bullying clerical»: la envidia, la murmuración y el acoso entre sacerdotes entre los sacerdotes es un problema. Lo advirtió al inaugurar hoy los trabajos del Simposio Internacional «Por una teología fundamental del sacerdocio». La reunión tiene lugar del 17 al 19 de febrero, en el Aula Pablo VI.

El Papa explicó que el problema de la envidia «que tanto atormenta a nuestros ambientes y que es una fatiga en la pedagogía del amor; no simplemente un pecado que se debe confesar«.

El pecado – explicó – es esta última actitud: “la actitud de la envidia”, está muy presente en las “comunidades sacerdotales”. Y afirmó que Dios indica que es una “actitud destructiva”.

Francisco remarcó que de la envidia se pasa también al parloteo para acabar con el otro: «Por envidia del diablo entró el pecado en el mundo. Es la puerta para la destrucción». «Y – advirtió – de esto debemos hablar claro, en nuestros presbiterios existe envidia: no todos son envidiosos, pero existen (los envidiosos)».

El Papa denuncia también que «existen formas clericales de bullying» o acoso. «Para sentirnos parte de la comunidad, del «ser de los nuestros», no hace falta ponernos máscaras que muestran sólo una imagen triunfante de nosotros».

Un sacerdote no puede ser envidioso

«No tenemos necesidad de presumir, ni mucho menos de pavonearnos o, peor aún, de asumir actitudes violentas, faltando el respeto a quien está junto a nosotros. Porque un sacerdote, si de algo tiene que presumir es de la misericordia del Señor; porque el sacerdote mismo conoce su pecado, su miseria y sus límites, pero hizo experiencia que donde abundó el pecado sobre abundó la gracia (cf. Rm 5,20); y esa es su mejor buena noticia».

Un sacerdote que hace suyo lo anterior no puede ser envidioso, dijo el Papa.

«El amor fraterno no busca el propio interés, no deja espacio a la ira, al resentimiento, como si el hermano que está a mi lado me hubiera defraudado de alguna manera”.

Un mensaje que habla de un sacerdocio del alma que involucra a todos los fieles; y no solo aquellos ordenados: Encontrar la miseria del otro y estar dispuestos a «olvidar para siempre el mal recibido. A no convertirlo en el único criterio de juicio, hasta el punto de gozar quizás de la injusticia cuando se refiere precisamente a quien me ha hecho sufrir».

«El amor verdadero se complace en la verdad y considerar un pecado grave ir contra ella y contra la dignidad de los hermanos con calumnias, maledicencias y murmuración».

El Obispo de Roma señaló, alzando el brazo, la envidia como una actitud muy triste. Y contó lo que sucede cuando desde el Vaticano se pide referencias antes de nombrar un obispo; la información que llega hasta Roma también incluye «información enferma de envidia».

 

Fuente: Aleteia – Ary Waldir Ramos Díaz