Evangelio de hoy

Jueves de la 4ª Semana de Adviento

Evangelio según San Lucas 1, 46-55

 “Mi alma canta la grandeza del Señor”

María dijo: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquéllos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de sus tronos, y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”. Palabra del Señor.

Meditación

Proclama mi alma la grandeza del Señor. Hemos valorado bastante a la Virgen María y, es oportuno también, valorar a San José. El sí de María es trascendente y es posible gracias a la valentía y el cuidado de San José, aunque origen, meta y destino de nuestras vidas están en Dios. Se trata de la primacía de la gracia que quiere manifestarse en la condición humana.

Si María es modelo de nuestra disponibilidad, José es modelo del cuidado que nos debemos unos a otros. La bendita entre las mujeres, nos ayuda a superar el temor a los hijos de Adán y Eva, porque Jesucristo sana las heridas del hombre terrestre y, con toda lógica, José nos conduce a la posada de la iglesia, donde estamos invitados a proclamar la grandeza del Señor.

Se trata del reflejo, la manifestación, la apertura propia del amor de Dios, que nos primerea. Un amor trinitario manifestado en la comunión de personas pecadoras e imperfectas, por la fe común, de donde procede la alegría del compartir. Por ello, la vocación de los hijos de Dios, reunidos en familia por el bautismo, “son recibidos en la casa de la Madre (iglesia) para alzar las manos y rezar, junto a los hermanos, el Padrenuestro, como signo de pertenencia a una nueva familia” (Tertuliano). Por ello somos invitados a participar en la campaña “comparte tu navidad”, dando testimonio de la conciencia de pertenencia.

 

Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador!

Mi corazón se regocija en el Señor,

Mi poder se exalta por Dios.

Mi boca se ríe de mis enemigos,

porque gozo con tu salvación.

 

Comunicación Arzobispado de Asunción