Se ha convertido casi en un trabajo a tiempo completo. Seema Devgan pasa los días intentando encontrar en Singapur todo lo que pueda servir para que su país, India, salga del desastre sanitario en el que está sumido. Esta mujer pasa horas en su oficina de Singapur entre mensajes de WhatsApp, correos electrónicos y llamadas telefónicas a fabricantes de medicamentos y material médico.
“Es tan difícil… Mucha gente va a morir”, dice a la AFP Devgan, de 47 años, que apenas puede contener las lágrimas cuando piensa en la gravedad de la crisis en India y la enorme tarea que le espera.
La diáspora india es conocida por su capacidad de movilización cada vez que las calamidades se abaten sobre la madre patria.
Pero raras son las catástrofes tan letales como la actual epidemia de coronavirus que golpea el país. Cada día se registran 350.000 nuevos contagios. Y el jueves se contabilizaron más de 3.600 muertes, un nuevo récord nacional.
India registra 3.000 muertos diarios© AFP
Y sea cual fuere el importe de las sumas obtenidas por la diáspora, no lograrán reabastecer de un día para otro las farmacias indias.
Lo mismo ocurre con los concentradores de oxígeno y los ventiladores: primero hay que localizarlos, luego encargarlos, antes de enviarlos a India. Nadie puede responder en pocos días al desafío estructural que supone el deterioro del sistema de salud indio.
“Sin precedente”
“Es una situación sin precedentes”, se lamenta Seema Devgan, que tiene un pasaporte holandés y vive desde hace dos años en Singapur. “No es como las demás campañas de ayuda, en las que basta donar dinero sabiendo que alguien se va a encargar allá de la logística”, apunta.
Seema Devgan, en su balcón en Singapur, el 27 de abril de 2021© AFP/Archivos Catherine Lai
Simran Sharma, una estudiante de 24 años en Boston, comparte el sentimiento de impotencia de tantos compatriotas en el extranjero al leer las noticias procedentes del país.
“Esta crisis es demencial”, explica por teléfono a la AFP, mientras relata la reciente muerte de un amigo de su padre. “Su esposa ni siquiera pudo asistir a la cremación porque ella también estaba enferma de covid”.
Judy Naresh gestiona “Ask Abu Dhabi”, un grupo de Facebook seguido por 15.000 personas que congrega a mujeres indias que viven en esta ciudad. “Muchos de nuestros miembros han perdido a familiares”, explica esta mujer originaria de Bombay.
Dice que su grupo coordina la ayuda, en especial de inyecciones de remdesivir, un medicamento antiviral utilizado para los enfermos hospitalizados de covid-19.
La semana pasada, una inyección -que cuesta normalmente 12 dólares- llegaba a los 120 dólares. Hace dos días, el precio subió a 600 dólares, por lo que Judy Naresh dice que ya no puede obtenerlas.
“Salvar a una persona”
Pero hay logros que justifican todos los esfuerzos.
El grupo de voluntarios en WhatsApp de Seema Devgan ha recolectado el equivalente a 75.000 dólares (62.000 euros) y enviado a India unos 60 concentradores.
Ha pedido 200 más y creado una red para poner en relación a la gente con donantes de plasma, de medicamentos, de alimentos, de tests covid, de camas de hospital o de médicos y ambulancias.
Tarun Patel, uno de los organizadores del fondo de ayuda implementado en el Neasden Temple de Londres, el 27 de abril de 2021 en Reino Unido© AFP/Archivos Justin Tallis
Tarun Patel, uno de los organizadores del fondo de ayuda implementado en el Neasden Temple de Londres, uno de los mayores y más ricos templos hindúes de Gran Bretaña, se felicita por la magnitud de la movilización.
El fondo ha creado un centro de 500 camas en Atladra, en el Estado de Gujarat, en asociación con el gobierno local y un hospital.
Este centro, que acoge sin distinción de edad, de clase social o de casta, se ha llenado rápidamente de pacientes.
“Si llegamos a salvar a una sola persona habremos cumplido con nuestro trabajo”, explica Tarun Patel.