“Un justo puede iluminar desde su persona; una familia puede iluminar desde su hogar a toda una ciudad, una Nación iluminará desde su verdad al mundo, para promover la justicia”: en un mensaje en el Día Mundial de la Justicia Social, celebrado el 20 de febrero, la Iglesia en México profundiza sobre derechos y justicia, a la luz del Evangelio.

“La justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde (Aristóteles); y también, de retribuir lo que le corresponde a quien ha realizado algo en función de un acuerdo”: son algunas de las primeras palabras que se lee en el mensaje de la Iglesia en México con motivo del Día Mundial de la Justicia Social, celebrado este 20 de febrero. Al mirar la Sagrada Escritura, – escriben – eso que le corresponde a cada persona no depende de la medida humana de la distribución o el merecimiento en función de una acción, sino “del ser mismo de la persona”. Y así “cada persona tiene derecho a tener lo que le corresponde para su existencia digna, como imagen de Dios”. En el mensaje firmado por dos psicólogos, un político, una antropóloga, un ministro, dos presbíteros y por el Obispo de Cuautitlán, Monseñor Ortiz Mondragón, se subraya que este derecho “no se trata de una dádiva que una autoridad o grupo de poder concede a la persona” sino de “un derecho inalienable desde la perspectiva del derecho a la vida, que viene por la dignidad de cada persona”. A partir de este derecho inalienable, esta dignidad, “otorgada por el Creador”, “es el derecho que da origen a los demás”.

Tras profundizar en los derechos, los firmantes señalan que “el ser humano, desde el inicio de su vida hasta la culminación natural de ésta, tiene derecho a alcanzar todo lo que le permita su realización integral”. Y se habla de una justicia que es “respuesta de cada persona al dictamen de su conciencia para asumir la responsabilidad de su propio crecimiento y el compartir con los demás, en el respeto y la solidaridad, las bases para la construcción de la nueva justicia social”.

“Así como cada persona es sujeto político, es decir, capaz de organizar su propia vida, la de su familia y, en consecuencia, toda la vida social”, de la misma manera, “cada uno de nosotros es sujeto y objeto de la justicia”, afirman. De ahí que señalen que no se puede “delegar la ejecución de la justicia en los demás, aún en las instancias sociales que tienen la tarea de salvaguardarla, si antes no somos partícipes de la elaboración de las leyes que lleven al respeto a la persona”.

Toca a cada uno de nosotros edificar nuestra vida y, en conjunto con los demás, un ambiente de justicia – concluyen. “Sin ella no hay paz, ni desarrollo de la cultura y civilización dignas de la persona humana”.

“Un justo puede iluminar desde su persona; una familia puede iluminar desde su hogar a toda una ciudad, una Nación iluminará desde su verdad al mundo, para promover la justicia. María, espejo de justicia, nos acompañe en la edificación de la justicia social desde el Evangelio.”