Cada 6 de septiembre la Iglesia recuerda a los santos del siglo V, Cleto y Donaciano.

Ambos fueron obispos, valientes defensores de la fe cristiana, hombres dispuestos a entregar la vida por Cristo. Cleto fue quemado vivo, mientras que Donaciano murió en el desierto, tras ser deportado por el rey de los vándalos, Hunerico.

Barbarie

Los vándalos fueron un pueblo germano proveniente de Europa central -las actuales Alemania y Polonia- célebre por haber invadido los territorios del imperio romano del norte de África y avanzar hasta la capital, Roma. Los vándalos organizaron uno de los más violentos saqueos que haya padecido la Ciudad Eterna a lo largo de su historia.

En el año 484, el rey Humerico ordenó que todas las iglesias cristianas del África fueran clausuradas y confiscados sus bienes para entregarlos a la turba. Por mandato real, los obispos fueron congregados en el palacio, después fueron conducidos lejos de la ciudad y les ordenaron a que marcharan solos hacia el destierro.

El obispo Donaciano

Ante tal injusticia, Donaciano y otros cuatro obispos de la provincia de Bisaseno, reunieron a un grupo de cristianos y organizaron una protesta frente a las puertas de la ciudad. El rey Humerico furioso por la revuelta ordenó a sus soldados matar y «aplastar» a quienes protestaban.

Donaciano y los cuatro obispos fueron brutalmente golpeados, y luego conducidos a la fuerza al desierto, donde quedaron abandonados para morir de hambre y sed.

El obispo Cleto

San Cleto, obispo de la Leptis Menor, considerado «un hombre celoso y muy sabio» -y que se había ganado la enemistad de Humerico por su enérgica oposición al arrianismo- fue encerrado en un calabozo hediondo, del cual solo fue sacado al cabo de dos meses para ser quemado vivo.
Fuente: aciprensa.com