Homilía del Monseñor Adalberto Martínez Flores, Arzobispo de la Santísima Asunción y Presidente de la Conferencia Episcopal durante la Misa Dominical en marco de la celebración central de la Virgen del Paso, en la Diócesis de Villarrica del Espíritu Santo.

La Virgen María convoca a los laicos para encarnar La Palabra

“Hermanas y hermanos en Cristo:

Rovy’a rokomparti haguére penendive ko misa guasu romomba’eguasúvo ore sy poraite asy Tupasy El Paso-pegua rohayhuetereíva . (Es muy grato poder compartir con ustedes esta celebración central de la Virgen del Paso, tan cara a mis afectos).

Ojapóma un año, apresidi haguere ko fiesta de la Virgen obispo diocesano ramo ko jurisdicción-pe, upéva chemo aguîeterei como parte de la familia ko Diócesis ja hayhúetereiva Villarrica del Espíritu Santo-pe, Guiara-Caazapa. Ha toda la Iglesia pukukue ojapóva peregrinación ko yvy santo Ñandejára ohovasávape, ojehechaukáva pueblo sencillo ha i ñumilde cristiano pypuku ha mariano.

( Hace un año, presidía esta fiesta de la Virgen como obispo diocesano de esta jurisdicción, lo que me hace muy cercano y parte de la familia de la querida Diócesis de Villarrica del Espíritu Santo y de toda la Iglesia que peregrina en esta tierra bendecida por Dios, caracterizada por un pueblo sencillo y profundamente cristiano y mariano) Me siento feliz de estar hoy con ustedes. Aguyjevete peẽme pene ñembo’e haguere che rehe, aasegura avei peẽme che ñemboe.

El tema de esta Santa Misa central es que los cristianos estamos llamados a encarnar la Palabra Jaikove ha ña ñandu Tupã ñe’ẽ ñande rekovépe, María y ha José ejemplo re, que han sido obedientes al Espíritu Santo y que, con su sí, hicieron posible que Dios esté con nosotros. Ha’ekuéra iñe’ẽrendu Espíritu Santo-pe ha ha’ekuéra, con su si, ojapouka Ñandejára oĩ ñanendive.

La liturgia de este IV domingo de Adviento nos muestra concretamente las dos figuras a las que les fue dado acercarse más a quien tenía que venir: María y José. Son las dos santas personas iñimportante eterei ko tiempo de Adviento, ha’ekuéra ha’ékuri colaborador fiel Tupa plan de salvación rehegua. (ellos ha sido fieles colaboradores del plan de salvación).

Hoy, la liturgia de la Palabra nos invita a considerar y admirar la figura de san José, un hombre verdaderamente bueno. De María, la Madre de Dios, se ha dicho que era bendita entre todas las mujeres (cf. Lc 1,42). Ojehai José rehe hekojoja hague. (De José se ha escrito que era justo) (cf. Mt 1,19).

José recibe del Ángel el mensaje que le ayuda a entender el acontecimiento de la encarnación y es llamado a meterse en el designio salvífico de Dios. Ahora él sabe quién es el Niño que ha de nacer y quién es la madre. Siguiendo las indicaciones del Ángel, llevó consigo a su esposa, no la dejó abandonada. “Al recibir” a María, recibe también al que en Ella ha sido concebido por obra admirable de Dios, para quien nada es imposible.

(José cumple lo que Dios esperaba de él sin pensar en su beneficio propio). Hae okumpli Ñandejára ohaʼarõva chugui nopensaiete ideprovéchotaha chupe. Actúa impulsado por lo que Dios quiere; es suficiente conocer lo que el Señor espera de él para procurar cumplirlo, poniéndose totalmente a su servicio. Jerovia, esperanza ha caridad haeva akue i norte. (Fe, esperanza y caridad eran hábit ). Es más, por la docilidad con que reacciona al mensaje recibido del Ángel, manifiesta cuánto le movía ya en la tierra el amor de Dios. Un amor plasmado en obras de fidelidad: con obediencia cumple enseguida la indicación del ángel de recibir a María como esposa, en contra de lo que él ya había decidido.

San José ha’e peteĩ modelo de perfección tekove ordinario-pe, mundo mbytépe ha mba’apohápe, religión-pe, estudio-pe.

(San José es modelo de perfección en la vida ordinaria, en medio del mundo y del trabajo, en la religión, en el estudio).

Peteĩ kuimba’e opavaveicha, Ñandejára oiporavóva opavave apytégui, oparticipa haĝua, hembipota divino-pe, Tupã Ra’y misión redentor-pe, omoĩva’ekue hese ijerovia, ijerovia ha esperanza.

Un hombre como todos, elegido de Dios de entre todos, para participar, de acuerdo a su divina voluntad, en la misión redentora del Hijo de Dios, en quien él puso su fe, su confianza y su esperanza, y lo reconoció y lo adoró desde antes de nacer.

A partir del mensaje del evangelio de Mateo, podemos comprender mejor porqué la Iglesia universal tiene como patrono a San José. Dios todopoderoso lo eligió para que cuidara y protegiera su tesoro más preciado, su único Hijo, a quien envió al mundo para rescatar a los pecadores, y a su Madre, la Virgen, de quien Él había nacido. María era una joven tierna y frágil, que necesitaba la protección de su prometido, como toda mujer que también necesita la acogida y protección del hombre y de los que la rodean.

San José anuncia los prodigios del Señor, dando testimonio de la virginidad de María, de la acción gratuita de Dios, y custodiando la vida terrena del Mesías. Veneremos, por tanto, al padre legal de Jesús (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 532), porque en él se perfila el hombre nuevo, que mira con fe y valentía al futuro, no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de Aquel que realiza las profecías y abre el tiempo de la salvación. (Benedicto XVI, 2010).

María oñongatu Tupã tesoro ipype, ha San José ha’e pe custodio fiel, Ñandejára ome’ẽva’ekue chupe pe honor ha poder ha’e ha oactua haĝua peteĩ túvaicha, ipy’aporã, iñarandu, hekojojáva túva, ohayhúva i familiape, iñarandu, poriahuvereko, ipojera, responsable, tekoporã, odirigíva, ombo’éva, ha oñatendeva’ekue ideber ha osoluciona haĝua ifamilia remikotevẽ.

(María guardaba en su vientre el tesoro de Dios, y San José era el custodio fiel, a quien Dios le dio el honor y el poder de ser y obrar como padre, a imagen de Él, padre providente, bondadoso, sabio, amable, justo, amoroso, prudente, misericordioso, compasivo, generoso, responsable, virtuoso, que dirige, enseña, guía y está atento para cumplir con su deber y resolver las necesidades de su familia).

Pe Liturgia de Adviento ñaneinvita ani haĝua jakyhyje ha jaguerohory, José-icha, pe misterio divino ojedesplegáva hekovépe.

(La Liturgia del Adviento nos invita a no tener miedo y a acoger, como José, el misterio divino que se está desarrollando en su vida).

¿Qué enseñanzas pastorales nos entregan María y José en esta fiesta de la Virgen del Paso, con eco para toda la Iglesia y la sociedad paraguaya?

En primer lugar, nos señala y nos confirma a María y a José como modelos a seguir en la apertura y disponibilidad absoluta a la Voluntad de Dios; si queremos ser parte y protagonistas del plan de salvación que nos propone Dios, debemos ser capaces de dejar de lado nuestros propios proyectos e intereses personales para escuchar al Señor que nos habla hoy de diversas maneras, pero sobre todo por medio de su Palabra, de los sacramentos, del llamado a la caridad, del clamor de los pobres.

En segundo lugar, María, José y el Hijo de Dios por nacer, nos muestran la centralidad de la familia en la Iglesia y en la sociedad.

Santa Familia Nazaret-gua ha’e peteĩ techapyrã mba’éichapa opavave ñane familia oĩ, duda reheve, problema reheve, situación hasýva oñesolusiona haĝua, oikotevẽva py’aguasu, rectitud, sacrificio, ojerure mborayhu, ikatúva apertura reheve añoite Ñandejára Voluntad, peteĩ jerovia incondicional reheve Ñandejárape ñaimeha, jaiko ha jaexistiha, he’iháicha San Pablo.

(La Sagrada Familia de Nazaret es retratada como son todas nuestras familias, con dudas, con problemas, con situaciones que implican decisiones difíciles, que requieren coraje, rectitud, sacrificios, es decir, que exigen un amor a toda prueba, que solo es posible con la apertura a la Voluntad de Dios, con una fe incondicional de que en Dios somos, vivimos y existimos, como dice san Pablo.)

San José es un ejemplo de amor a su prometida, María, y de responsabilidad por la vida por nacer. Cuántas situaciones vemos y vivimos en nuestra sociedad en las que, ante un embarazo sorpresivo, no esperado, el varón, el hombre, y la propia mujer se encuentran con el dilema de qué decisión van a tomar con ese niño por nacer. No pocas veces, la decisión ha sido el aborto.

Peteĩ cristiano-pe ĝuarã, ha opa tapicha orekóva conciencia recta-pe ĝuarã, pe aborto araka’eve ndaha’emo’ãi pe solución, ha katu oguerohory, oñangareko ha oñangareko haĝua tekove sy ryepýpe.

(Para un cristiano, y para toda persona con una conciencia recta, el aborto nunca será la solución, sino acoger, cuidar y proteger esa vida por nacer).

¿Qué hubiera pasado de la historia de la salvación, si José y María no hubiesen tenido el coraje de proteger la vida del niño? ¡No hubiera habido un Emmanuel, el Dios-con-nosotros!

Jesucristo es el Emmanuel, el Dios con nosotros; es nuestro Salvador; encierra en síntesis toda nuestra fe en él. Jesús es Emmanuel, es decir, con nosotros; es uno de nosotros, nuestro hermano, “de la estirpe de David según la carne”, como dice Pablo en la segunda lectura de hoy, pero Jesús es también Él, es decir, Dios. Es hijo del hombre, pero también hijo de Dios. Si fuera sólo” con nosotros”, pero no fuera “Dios”, no podría salvarnos, no sería el Señor del mundo y de la historia. Si fuera sólo “Dios”, pero no “con nosotros”, su salvación no nos interesaría; él también habría quedado como un Dios desconocido, lejos del alcance y de las esperanzas del hombre. He aquí el verdadero misterio cristiano que debemos reafirmar con claridad en Navidad.

Pe mborayhu, py’aguasu ha fidelidad total María ha José orekóva Ñandejára Voluntad-pe, oguerohory ha oñangarekóvo pe mitã nacimiento’, ojapo Navidad posible, Ñandejára Ra’y, ñande Salvador nacimiento.

(El amor, el coraje y la fidelidad total de María y de José a la Voluntad de Dios, acogiendo y protegiendo la vida del niño por nacer, hizo posible la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios, nuestro Salvador).

La lección y consecuencia práctica para nosotros hoy es que la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, es sagrada, es un valor supremo, no está sujeta a ninguna decisión arbitraria ni de las personas ni del Estado.

El derecho a la vida tiene rango constitucional. El Estado tiene la función de protegerla y tiene la obligación de promover la calidad de vida de todos los habitantes de la república con planes y políticas que reconozcan factores condicionantes, tales como la extrema pobreza y los impedimentos como la discapacidad o de la edad (Cfr. CN, 4 y 6).

Así también, la Constitución Nacional manda la promoción y protección integral de la familia, a la que reconoce como fundamento de la sociedad. Esa protección integral a la familia incluye la unión estable del hombre y la mujer, a los hijos y a la comunidad que se constituya con sus progenitores y sus descendientes (Cfr. CN, 49).

Frente a esto, es absolutamente necesario y urgente impulsar las políticas públicas que favorezcan su estabilidad e integridad: techo y trabajo digno; educación de calidad; acceso a la atención integral de la salud; oportunidades para una vida digna, plena y feliz de cada uno de sus miembros.

En el contexto de esta fiesta de María, no podemos dejar de resaltar la figura de la mujer y su rol fundamental en la cohesión de la familia y en la educación de los hijos. Nda’aréi che viaje Roma-pe, avisita Papa Francisco, he’i jey kuña paraguaya ha’eha pe oñemomba’eguasuvéva América-pe. Ñañehenói protección ha promoción humana integral kuñanguéra rehe. San José, María ména, ome’ẽ ñandéve techapyrã ñangareko, ternura ha entendimiento rehegua.

(En mi reciente viaje a Roma, visité al Papa Francisco, quien me reiteró que la mujer paraguaya es la más gloriosa de América. Estamos llamados a la protección y promoción humana integral de la mujer. San José, esposo de María, nos da el ejemplo de cuidado, de ternura, de comprensión).

San José, como padre, cuidó de la Sagrada Familia, de la Santísima Virgen María y de Jesús. Y también cuida de la familia de Jesús que es la Iglesia. La cuida hasta durmiendo, como los padres que, incluso durmiendo, no se olvidan de sus hijos.

Ko festival Virgen del Paso ojoaju peteî evento cívico tuicha mba’éva, ha’éva jeporavo umi candidato okompeti abril oúvape omyakã haguã Gobierno Nacional ha Departamental ñane retãme.

(Esta fiesta de la Virgen del Paso coincide con un acontecimiento cívico importante que es la elección de candidatos que competirán en abril próximo para dirigir el Gobierno Nacional y Departamental en nuestro país).

Les exhorto a participar y decidir con su voto a quiénes queremos que administren la cosa pública desde sus funciones de gobierno; les invito a no quedarse en casa mirando desde el balcón y ver pasivamente cómo la corrupción y la impunidad están destruyendo la nación, privando de vida digna a nuestro pueblo.

Tengan en cuenta no solo el discurso o la propuesta de los que se presentan para acceder a los cargos electivos, sino sobre todo que se fijen en sus acciones, en sus antecedentes en su vida pública y privada, de dónde sale el dinero para financiar su campaña electoral, en los grupos a los que se asocian, en la calidad moral de las personas de las que se rodean. En definitiva, que se fijen en su conducta, en la coherencia entre lo que dice y lo que hace. Dice el Santo Padre que no podemos juzgar la conciencia de los políticos, pero sí sus acciones u omisiones.

El voto es el poder ciudadano, como mandante, para aprobar o reprobar a los mandatarios, a los que ocupan u ocuparon cargos electivos, evaluando su conducta en función del servicio al bien común de la nación.

Queridos jóvenes, Uds. son la fuerza transformadora. Mitãrusukuéra ja hayhuetéva, peẽ ha’e pe fuerza transformadora. Ko’ã elecciones ha’e peteî oportunidad tuicha oñepresentáva peeme pe participahagua: peaprovecha ha peheja pende pypore Paraguay tembiasakue oikotevêva pegenera hagua peteî política i puahuva ha ipotîva, ha’e haguã, ha upeicha pee haeta protagonista ko ñande sociedad iporãvéhagua.

Estas elecciones son una gran oportunidad de participación que ahora se les presenta: aprovéchenla y dejen sus huellas en la historia del Paraguay que les necesita para generar un nuevo modo de hacer política, para ser artífices de una sociedad mejor.

Invoquemos con confianza a la Virgen María, la llena de gracia «adornada de Dios», para que, en la Navidad ya inminente, nuestros ojos se abran y vean a Jesús, y el corazón se alegre en este admirable encuentro de amor.

Ñañemoĩ Virgen del Paso protección materna guýpe ha jajerure Santa María Felicia de Jesús Sacramentado intercesión, jahupyty ha jaikove haguã ñande rekovépe Cristo Ñandejára rekove. Taupeicha kena

(Nos ponemos bajo la maternal protección de la Virgen del Paso y pedimos la intercesión de la Beata María Felicia de Jesús Sacramentado, para recibir y encarnar en nuestras vidas al Hijo De Dios).

Así sea.”

Itapé, 18 de diciembre de 2022.

+ Adalberto Card. Martínez Flores

Arzobispo Metropolitano de la Santísima Asunción

Presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya