Con ocasión de la fiesta de los Reyes Magos 2023, el Papa Francisco celebró este 6 de enero la Misa en el Vaticano por la Solemnidad de la Epifanía del Señor.

En una emotiva Eucaristía llevada a cabo en la Basílica de San Pedro, un día después del funeral de Benedicto XVI, el Papa Francisco pidió imitar a los Reyes Magos para adorar “a Dios y no a nuestro yo” y advirtió sobre “los falsos ídolos” que seducen “con la fascinación de las falsas noticias”.

“Hoy, el Señor nos invita a hacer como los Magos, postrémonos, rindámonos ante Dios en el asombro de la adoración. Adoremos a Dios y no a nuestro yo; adoremos a Dios y no a los falsos ídolos que nos seducen con la fascinación del prestigio y del poder, con la fascinación de las falsas noticias, adoremos a Dios, para no inclinarnos ante las cosas que pasan ni ante las lógicas seductoras y vacías del mal”, dijo el Santo Padre.

Anuncio de la Pascua

Como es tradición cada año, después del Evangelio, se realizó el “anuncio del día de la Pascua”. En esta ocasión, un diácono lo cantó en italiano y recordó que “el centro de todo el año litúrgico es el Triduo del Señor crucificado, sepultado y resucitado” y destacó que en 2023 culminará el próximo “Domingo de Pascua, 9 de abril”.

Además, el diácono anunció las fechas: Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, el 22 de febrero; la Ascensión del Señor, el 18 de mayo; Pentecostés, el 28 de mayo y el primer Domingo de Adviento, el 3 de diciembre.

Luego, en su homilía, el Papa invitó a reflexionar en el episodio de la Epifanía del Señor que describe a “Jesús, como una estrella que se eleva, viene a iluminar a todos los pueblos y a alumbrar las noches de la humanidad”.

“Junto con los Magos, hoy también nosotros, alzando la mirada al cielo, nos preguntamos: ¿Dónde está el que acaba de nacer? Es decir, ¿cuál es el lugar en el que podemos encontrar a nuestro Señor?”, afirmó el Papa.

En esta línea, el Santo Padre explicó tres “lugares” en donde podemos encontrar a Dios. El primer lugar “donde Él quiere ser buscado es en la inquietud de las preguntas”, el segundo “el riesgo del camino” y el tercero es el “asombro de la adoración”.

“La fascinante aventura de estos sabios de Oriente nos enseña que la fe no nace de nuestros méritos o de razonamientos teóricos, sino que es don de Dios. Su gracia nos ayuda a despertarnos de la apatía y a hacer espacio a las preguntas importantes de la vida, preguntas que nos hacen salir de la presunción de estar bien y nos abren a aquello que nos supera”, advirtió.

De este modo, el Pontífice recordó que “el camino de la fe comienza cuando, con la gracia de Dios, damos espacio a la inquietud que nos mantiene despiertos; cuando nos dejamos interrogar, cuando no nos conformamos con la tranquilidad de nuestros hábitos, sino que nos la jugamos, nos arriesgamos en los desafíos de cada día”.

“Es en estos momentos que surgen de nuestro corazón las preguntas irreprimibles, que nos abren a la búsqueda de Dios: ¿Dónde está la felicidad para mí? ¿Dónde está la vida plena a la que aspiro? ¿Dónde se encuentra ese amor que no pasa, que no tiene ocaso, que no se rompe ni siquiera ante la fragilidad, los fracasos o las traiciones? ¿Cuáles son las oportunidades escondidas dentro de mis crisis y mis sufrimientos?”, cuestionó.