El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Aurelio Poli, presidió en la catedral metropolitana la misa por la Jornada Nacional de Oración por las víctimas de coronavirus convocada por la Conferencia Episcopal Argentina para el 23 de julio.

Vatican News

En Argentina hay 103.000 víctimas de la pandemia de Covid-19, de un total de 4,81 millones de infectados.  A todos ellos estuvo dedicada la «Jornada Nacional de Oración» convocada para este jueves 23 de julio por la Conferencia Episcopal del país. Con este motivo, el cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires, presidió por la mañana una misa en la catedral de la ciudad, en cuya homilía recordó que la oración en común “tiene la virtud de ser un bálsamo para nuestras heridas y llenar nuestros corazones con el consuelo y la esperanza que nos da la resurrección de Jesucristo”.

Tras subrayar que los fallecidos por el coronavirus no son sólo «una insensible estadística», sino seres queridos que llaman “a la puerta de nuestro corazón», el cardenal describió el sufrimiento “en silencio” y la «conmoción» de quienes no pudieron despedirse con el afecto de sus seres queridos, porque la normativa anti-contagio impedía la celebración normal de los funerales.

Con la fe puesta en Cristo resucitado, “tenemos el convencimiento de que la muerte ha sido vencida, ya no es la última palabra”, añadió el purpurado.

“Con serena firmeza decimos que nuestros fieles difuntos viven. Sí. Dice el Espíritu: ‘de ahora en adelante ellos pueden descansar de sus fatigas, porque sus obras los acompañan’. Y ese es el mayor consuelo de nuestra fe cristiana”

Al mismo tiempo, el Arzobispo subrayó que «la Eucaristía posee la virtud de abarcar el Cielo y la Tierra, el tiempo y la eternidad»; por ello, «no debemos estar tristes como los que no tienen esperanza, porque creemos que Jesús murió y resucitó y que nuestros seres queridos fallecidos están en manos del Dios misericordioso».

“San Pablo – precisó – hoy nos saca de la ignorancia cuando nos exhorta a que no estemos tristes como los que no tienen esperanza, porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó. De la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con Él. Con la fe de la Iglesia decimos que nuestros amigos están en las manos de Dios que manifestó su poder a través de su misericordia”.

Poniendo «el dolor de la separación» entre las ofrendas del pan y el vino en el altar, el cardenal Poli señaló entonces cómo, de este modo, el sufrimiento se transforma “en el bendito consuelo que solo Dios, nuestro Padre del Cielo, sabe darnos con su abrazo de padre bueno”.

Finalmente, el Arzobispo de Buenos Aires invocó a la Virgen de Luján, pidiéndole que “reciba en su regazo materno a todos nuestros fieles difuntos de la comunidad nacional. Ella tiene los colores de la Argentina, sabe de dolores, lo vio pender a su Hijo de la cruz y lo tuvo en sus brazos yacente”.

Tras rezar la Oración a San José, la celebración eucarística concluyó con el rezo de una oración especial por todos los fallecidos a causa de la pandemia.