El pasado 29 de mayo, el pueblo paraguayo amanecía con una gran noticia, el Papa Francisco había anunciado la creación del primer Cardenal paraguayo en la historia, el Monseñor Adalberto Martínez Flores.

Quienes conocen a Monseñor Adalberto, saben de su gran vocación hacia los más necesitados y su lucha por aquellos que habitan las periferias existenciales.

Fue Obispo de San Lorenzo, de San Pedro y Villarica del Espíritu Santo, donde nació su devoción por la Beata María Felicia de Jesús Sacramentado Chiquitunga, a quien describió así. “María Felicia es un ejemplo de joven paraguaya laica, consagrada que puede ser modelo de santidad”. La virtud que más destacan de Monseñor Adalberto: la humildad.

Pero antes de vivir de lleno su verdadera vocación, el Monseñor Adalberto viajó a los Estados Unidos para cursar inglés avanzado y estudiar Filosofía en la Oblate Collage de Washington, culminando en 1977.

El punto de quiebre

En esos años, Monseñor Adalberto ofició de lavaplatos para poder solventar sus estudios a la par de colaborar asiduamente en la pastoral hispana apoyando al Centro Católico Hispano, organización cuyo Director era el fraile Seán O’Malley, considerado su padre espiritual, ya que lo animó a buscar su propósito como hombre de fe.

De esta manera, Monseñor Adalberto se embarcó rumbo al viejo continente, específicamente a Italia, donde en 1981 culminó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.
Finalmente, pidió ser ordenado sacerdote en Paraguay y fue justamente su padre espiritual, el Cardenal y Arzobispo de Boston Seán O’Malley, quien en 1985 lo ordenó en la Parroquia de la Piedad de Campo Grande.

Primer Cardenal del Paraguay

A partir de allí inicia la gran trayectoria del Monseñor Adalberto, primero trabajando de cerca con comunidades hispanas en la Islas Vírgenes (Estados Unidos) y luego ocupando los cargos mencionados anteriormente en nuestro país, donde actualmente es Arzobispo Metropolitano, Obispo Castrense y Presidente de la CEP. Igualmente, continúa sus labores en favor de los pueblos originarios y los más vulnerables. Cabe destacar que el Monseñor también trabajó en el mundo de la comunicación, teniendo su paso por Radio Cáritas en 1997.

Entre los episodios más destacados de su vida, reluce su papel de mediador entre las facciones enfrentadas en el marzo paraguayo, con el fin de evitar un mayor derramamiento de sangre.

Con la bendición de la Beata Chiquitunga, presente en reliquia, el pueblo paraguayo, un pueblo eminentemente católico, ya puede decir que cuenta con su primer Cardenal.

 

Via: Eduardo Alarcón