La Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR) expresa en un mensaje dado este 21 de enero su alegría por la beatificación del Padre Rutilio Grande, jesuita, del franciscano italiano Fray Cosme Spessotto, OFM, y de los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus Chávez.

La Confederación Latinoamericana de Religiosos ha emitido un mensaje dirigido a las religiosas y religiosos del continente con motivo del reconocimiento eclesial de los nuevos beatos, el padre Rutilio Grande, Fray Cosme Spessotto, OFM, y los laicos Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus Chávez.

En el mismo, recorriendo el camino que llevó a los mártires a su beatificación, ponen el acento en la enseñanza que dejaron con sus vidas, como el “constatar y denunciar el dolor de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y de las injusticias”. Los nuevos mártires “nos obligan – escriben – a escuchar el grito de la destrucción de la casa común y la ‘cultura del descarte’ que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”. Pero también “dan lecciones para afrontar el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales” y hacen “reaccionar ante todo lo que se constituye en obstáculo para la sinodalidad a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial de las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia”. 

Son muchos los signos de esperanza que los nuevos beatos cultivan en el corazón de cada religioso y que la Clar enumera en su extenso mensaje, en el que hace también presente los desafíos del ser discípulos misioneros en la Vida Religiosa de América Latina y el Caribe. En esta hora, ello “implica – aseguran – luchas y fatigas por vivir con sentido la propia vocación, ahondar en la espiritualidad trinitaria, caminar hacia un nuevo modo de ser Iglesia, renovar la opción por los excluidos desde una mirada contemplativa de la realidad, favorecer la ética del encuentro y del cuidado, optar por la ecología integral”. En sustancia, implica “hacer todo lo que Él diga”.

Afirmando, casi al final del mensaje, que “el ejemplo de estos hermanos y de tantas hermanas mártires, que han ofrendado su vida por el Reino de Dios en América Latina y el Caribe son una interpelación para toda la Vida Religiosa y para toda la Iglesia”, plantean algunos interrogativos a la atención de todos los discípulos misioneros: 

“¿Somos legítimas/os compañeras/os y sucesoras/es de estas y estos mártires, somos consecuentes con su ejemplo, somos pro-seguidores de su vida? ¿Continuamos viviendo sus opciones, su radicalidad, su testimonio martirial?”

Y concluyen: 

““Hay que seguir soñando con ellas/os y como ellas/os, hay que aprender de ellas/os a gastar la vida por los demás. Como Jesús y por las mismas razones que Jesús”.”