Tras el devastador terremoto que azoló a la isla caribeña, la Conferencia Episcopal de Chile, junto a una red organizaciones eclesiales y diversas ONGs, solicitaron al gobierno favorecer la reunificación familiar y la regularización de la situación migratoria de miles de personas.

Felipe Herrera-Espaliat

El terremoto de la mañana del 14 de agosto pasado golpeó duramente a Haití, dejando hasta el momento más de dos mil muertos, por sobre diez mil heridos y una enorme devastación en el territorio. Pero el sufrimiento también ha llegado a la diáspora de haitianos que han emigrado los últimos años por distintos rincones del continente americano, buscando nuevos horizontes y más dignidad para sus vidas. Desde 2010 alrededor de 200 mil de ellos se han instalado en Chile, donde hoy la mayoría realiza trabajos de baja calificación en condiciones precarias, con remuneraciones mínimas y muchas veces sin prestaciones sociales, sin contar con un gran número que está sin documentos oficiales para permanecer en el país.

Esta nación sudamericana ha sido destino de grandes flujos migratorios, pero no todos los que llegan corren la misma suerte. “La situación de los migrantes haitianos es bastante dramática, porque ya lo es de por sí para cualquier migrante en Chile, pero en el caso de los haitianos posiblemente la dificultad idiomática y el color de la piel hacen que su caso sea peor o más deplorable que el del resto de los migrantes”, detalla el sacerdote Alvaro Chordi, vicepresidente de la Fundación Fré, organización nacida hace tres años al alero de la parroquia San Saturnino, en el centro de Santiago. Por medio de voluntarios dan asistencia jurídica, psicológica, social y pastoral a los haitianos, junto con ofrecerles, entre otras actividades, cursos de español y talleres para los niños. La pandemia también los movilizó para recolectar alimentos, útiles de aseo y material sanitario que se han distribuido en más de dos mil cajas de apoyo a las familias.

Escucha aquí la entrevista al padre Alvaro Chordi, de la Fundación Fré (Chile)

Un clamor urgente por los migrantes

Junto con la Fundación Fré, otras organizaciones sociales y eclesiales conforman la Red Clamor Chile, que trabaja por mejorar las condiciones de vida de migrantes y refugiados en sus procesos de integración en la sociedad local. Cuatro días después del terremoto, el jueves 18 de agosto, fecha en que en Chile se celebra la jornada nacional de la solidaridad, esta red manifestó su compasión y cercanía con una declaración pública: “Hacemos nuestro el dolor de tantos hermanos y hermanas haitianos viviendo en Chile, a quienes acompañamos diariamente, que ven a la distancia cómo familiares suyos sufren los efectos de esta emergencia y encarnan la angustia de la separación”, expresaron.

Este clamor se sumó a las peticiones contenidas en otro mensaje emitido horas antes por la Conferencia Episcopal de Chile, en el que los obispos afirmaron que “un modo concreto de solidarizar con Haití, afectado por un nuevo terremoto y una crisis social permanente, es facilitar la regularización de la situación migratoria de miles de haitianos residentes en nuestra patria, abriéndoles la posibilidad de traer a sus hijos y familiares cercanos».

Regularización migratoria y reunificación familiar

Así, las voces eclesiales y de otros actores sociales están permitiendo que resuene la voz de los propios haitianos que piden concretamente dos cosas al gobierno: mayores facilidades para normalizar su estatus migratorio y poder traer a Chile a sus parientes, con el fin de que las familias no estén disgregadas. De hecho, tras el inicio de la pandemia la normativa nacional había endurecido las sanciones para quienes entrasen de modo ilegal a Chile, lo que implicó, incluso, una serie de expulsiones masivas del país.

El padre Chordi explica que actualmente “los haitianos se están encontrando con numerosas trabas, especialmente con el tema de los antecedentes penales, de modo que el proceso se está ralentizando tanto, que hay bastante gente que ha decidido marcharse”. Los nuevos destinos suelen ser Estados Unidos o México, pero quienes abandonan Chile suelen encontrarse en situaciones aún más precarias y peligrosas. Por eso la urgencia de tender una mano a quienes han llegado desde Haití, especialmente ahora que se une el dolor por las consecuencias del terremoto.