“El Papa Francisco llevará a Chipre y Grecia la alegría del Evangelio y la luz de la esperanza, exhortando a Europa y a toda la humanidad a la unidad y a no abandonar a los necesitados”. En vísperas del 35º Viaje Internacional, lo afirma el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, en una entrevista con los medios de comunicación del Vaticano.

Massimiliano Menichetti

Últimos preparativos en la isla de Chipre, que mañana acogerá por primera vez al Papa Francisco, que tras dos días se trasladará a Grecia. El viaje, que finalizará el 6 de diciembre, hará que el Santo Padre sea «un peregrino a los orígenes de la Iglesia». “El Papa llevará la luz y la esperanza de Cristo, y la exhortación – subraya el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede – para que el Mediterráneo pase de ser un espacio que divide a ser una oportunidad de encuentro».

Eminencia, ¿con qué espíritu se prepara el Papa para este viaje?

R. – Él mismo lo reveló en las palabras que dirigió a los dos países que visitará en los próximos días. Y es el espíritu de encuentro el que caracteriza todos los viajes del Papa, yo diría que todas sus actividades, empezando por las audiencias y las demás iniciativas aquí en Roma, es decir, este deseo de encontrarse con los demás. Termina su video mensaje diciendo: «No veo la hora de ir a verlos, no veo la hora de encontrarlos». Subraya muy bien este espíritu de encuentro y peregrinación. Se siente como un peregrino, un peregrino a los orígenes de la Iglesia. Recordemos que estos países estuvieron marcados por itinerarios apostólicos de gran importancia, los que se refieren a los apóstoles Bernabé y Pablo. Es una vuelta a estos orígenes, «redescubriendo – dice – la alegría del Evangelio», que es un tema que ha atravesado todo el pontificado, empezando por el primer documento. El Papa, como siempre, confía su peregrinación a la oración y pide oraciones a todos.

La primera etapa será en Chipre. Desde 1974 la isla ha visto la división de las dos comunidades, grecochipriota y turcochipriota. En el Ángelus del 30 de agosto, el Papa expresó el aliento de la Santa Sede a las negociaciones de reunificación. ¿Qué significará la presencia de Francisco en esta situación?

R. – Es una situación muy, muy delicada y preocupante… En abril de este año hubo negociaciones en Suiza con el Presidente de la República de Chipre, las autoridades de la parte norte de Chipre, bajo los auspicios de la ONU y con la presencia de los países garantes, que son Grecia, Turquía y Gran Bretaña. Lamentablemente, ni siquiera esta ronda de negociaciones produjo resultados satisfactorios y concretos, sino que prácticamente terminó en un punto muerto. Creo que el Papa va a reiterar la posición, la esperanza, la exhortación de la Santa Sede: es decir, que el problema de Chipre puede resolverse mediante un diálogo sincero y leal entre las partes implicadas, teniendo siempre en cuenta el bien de toda la isla. Se trata, pues, de una confirmación de la línea de la Santa Sede, reiterándola in situ, con la esperanza de que tenga un efecto diferente al de proclamarla desde lejos.

El Papa se trasladará después a Grecia, patria de la cultura clásica, como ha recordado en su video mensaje para esta visita, subrayando que Europa no puede ignorar el Mediterráneo, el mar que ha visto la difusión del Evangelio y el desarrollo de las grandes civilizaciones…

R. – El Mediterráneo nos aleja, el Mediterráneo nos acerca, pero lo que debe ser el esfuerzo de todos los países, de todos los pueblos que viven alrededor de esta cuenca, es transformarlo de un espacio que divide en una oportunidad de encuentro. Por desgracia, hoy asistimos al fenómeno contrario: tantas tensiones a nivel geopolítico que tienen como centro el Mediterráneo y luego el fenómeno de la migración. El Papa dice algo muy bonito que retoma un poco la idea que desarrolló durante la época de la pandemia, concretamente cuando dice: «Estamos en un solo barco»… Y aquí dice: «Debemos navegar juntos». En mi opinión, esta invitación a navegar juntos significa: miren, nos enfrentamos a tantos problemas, tenemos emergencias, como las de la pandemia, de las que todavía no hemos salido del todo, como las del cambio climático – lo hemos oído en Glasgow estos últimos días – o tenemos fenómenos crónicos, como la guerra, la pobreza, el hambre… Así que, ante estos grandes fenómenos, estos grandes problemas y dificultades, debemos presentar un frente unido, debemos tener un enfoque común, compartido, multilateral. Esta es la única manera de resolver los problemas del mundo actual.

Así que es un viaje que habla a toda la humanidad….

R. – Yo diría que el Papa quiere hablar sobre todo a Europa, invitándola a redescubrir sus raíces y su unidad más allá de las diferentes visiones que pueden coexistir. Y, al mismo tiempo, se dirige a toda la humanidad, porque creo que el fenómeno de la migración pone en tela de juicio y destaca nuestra humanidad: cómo nos acercamos a esta realidad, cómo nos acercamos a las personas. En los últimos días el Papa ha insistido mucho en este punto y creo que volverá a insistir en él, relacionado también con su visita a Lesbos, donde estuvo hace cinco años. Así que una vuelta a las fuentes, que sea una vuelta a las fuentes de nuestra humanidad más verdadera.

Su Eminencia, ¿cuál es su deseo para este viaje?

R. – Mi deseo es el mismo que el expresado por el Papa, que sea un viaje de vuelta a la fuente del Evangelio, a la fuente de la fraternidad. Me refiero sobre todo al encuentro con nuestros hermanos ortodoxos, tanto con la Iglesia ortodoxa de Chipre como con la de Grecia, en las personas del Primado de Chipre y del Arzobispo de Atenas. Y luego, evidentemente, en el origen de la fraternidad también con los católicos, el Papa lo dice claramente. No son muchos, pero son vivos, tienen una composición multiétnica, y también en esto vemos la riqueza de la Iglesia católica. Entonces un retorno a las fuentes, como dije, de nuestra humanidad. Creo que estos son los deseos que podemos formular para esta visita del Papa a Chipre y Grecia.