VARGAS LLOSA, LA TIA JULIA Y DON PEDRO CAMACHO.
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Mario Vargas Llosa, escritor peruano nacido en Arequipa en 1936, flamante Premio Nobel de Literatura 2010 cuenta en su vasta novelística varios registros.
Así, en La ciudad y los perros retrata el avasallante machismo en una sociedad latinoamericana de de mediados del siglo XX con el eje centrado en un grupo de estudiantes del Colegio Militar Leoncio Prado de Lima. En la Casa Verde, se introduce en el mundo mágico al abordar a distintos personajes en torno a una misteriosa casa pintada de verde en Piura, que en realidad es un prostíbulo y las andanzas de distintos tipos humanos en la Amazonia. En La fiesta del Chivo aborda con extremo realismo la crueldad sin límites de una de las tantas dictaduras que asolaron la región, la de los Trujillo, en República Dominicana.
Y podríamos seguir. Sin embargo en estas líneas quisiera recomendar una curiosa novela autobiográfica que titulada La tía Julia y el escribidor, que incursiona en el melodrama, las vivencias de familias acomodadas de la Lima de los cincuenta y un género muy latinoamericano, las radionovelas.
Mario Vargas Llosa tuvo como primera esposa a una tía política suya, la boliviana Julia Urquidi, fallecida meses atrás. En esta novela, publicada por primera vez en 1977 nos encontramos con una historia desbocada de amor de un adolescente y una mujer mayor, y sobre todo aparece con una extraordinaria riqueza sicológica uno de los personajes más entrañables en la producción de Vargas Llosa, el libretista de radioteatros Pedro Camacho, que se llegó a trabajar desde Bolivia a la misma emisora donde trabajaba en joven Varguitas.
Figura excéntrica, alocada en sus imaginaciones febriles, tenía por costumbre este peculiar Camacho no guardar por escrito sus guiones de los radioteatros y entonces, con el paso del tiempo, a medida que él iba perdiendo la razón iba mezclando los personajes y las situaciones para desesperación de los directivos de la emisora y los actores.
La tía Julia y el escribidor es un emotivo homenaje a la radio de todos los tiempos. Cuando una vez, se le preguntó a Pedro Camacho, porqué no guardaba los guiones porque sería interesante publicarlos alguna vez respondió que “mis escritos se conservan en un lugar más indeleble que los libros: la memoria de los radioescuchas.”
Novela teñida con la melancolía de los amores que se fueron, de un estilo de radio que era mágico antes de la televisión y con la escritura de un maestro a la hora de ahondar en los meandros íntimos de sus protagonistas, es más que recomendable en este octubre acercarse a esa tía Julia de firme carácter, mujer que sabía que ese amor con el sobrino que prosperaría y a ese Pedro Camacho que vivió siempre en el único territorio que nos pertenece en exclusividad, el de la imaginación, la otra de la locura.