En la homilía de la solemnidad de nuestra Señora de la Asunción, Mons. Adalberto Martínez Flores llamó a impulsar un proyecto y encaminar una campaña “valiente para la recuperación y reconstrucción del tejido social y moral de la nación”, con el protagonismo de laicos y señaló que para el logro de este objetivo es central la participación de la familia.

Este es un paso fundamental para combatir la corrupción pública y privada que se suma a la actualidad del país y la acción del crimen organizado. Afirmó, “al estado de corrupción pública y privada se suma en nuestros tiempos la acción del crimen organizado en sus diversas vertientes: tráfico de drogas ilícitas, tráfico de personas, lavado de dinero…entre otros males actuales que, si no reaccionamos como Iglesia y como sociedad, terminarán aniquilando la institucionalidad de la república».

Mons. Martínez habló del tráfico de personas y llamó la atención a las autoridades “sobre los más de mil niños, niñas y adolescentes desaparecidos en los dos últimos años de pandemia, con paraderos hasta ahora desconocidos». «¿Dónde están; qué ha pasado con ellos; con qué fin han sido llevados del seno de sus hogares?, se preguntó.

En otro momento de la homilía exhortó a los cristianos quienes ocupan cargos de responsabilidad en la función pública sobre todo en el Ministerio Público y Poder Judicial revisen su actuar.  “Exhortamos a los cristianos que ocupan cargos de responsabilidad en la función pública, en especial a aquellos que tienen la función de investigar e impartir justicia en el Ministerio Público y en el Poder Judicial, que revisen si su actuación y sus decisiones son coherentes con sus convicciones religiosas y ciudadanas”.

El Arzobispo Metropolitano, recordó a los pequeños productores quienes son despojados de sus tierras. “Otra situación que oprime a los pobres es la inequidad social estructural, que es consecuencia de la codicia que despoja de diversas formas a los pequeños de su derecho al desarrollo humano integral, por ejemplo, en el tema del acceso y propiedad de la tierra y que esté acompañado de políticas públicas para el arraigo en sus propias comunidades, tanto de los pueblos indígenas como de las familias campesinas”.

Mons. Adalberto Martínez