Queridos jóvenes:

¡Cristo vive! es nuestra exclamación diaria. Cristo vive en cada joven, abierto a la vida y a la esperanza. Cristo vive en los que buscan la vida, la verdad, el amor y la libertad. Cristo vive, pues con su muerte y resurrección nos regaló la vida plena, para siempre.

La primavera renueva la naturaleza. Ustedes jóvenes, son la primavera de la humanidad. Son un sí de aceptación a la vida, que florece y se traduce en alegría, en servicio, en amor. Más que nunca, durante el sacrificio eucarístico, ustedes y toda la Iglesia necesitamos elevar la voz de súplica por los enfermos, sus familiares, por los que les asisten, profesionales y equipos de salud, por nuestras autoridades. Sentirnos unidos en esta ardua e inédita lucha, para recuperar la salud y salvar vidas. ¡Seamos agradecidos con el personal sanitario, por su ejemplo de entrega y de salvar vidas!

Nuestras oraciones y apoyo a las familias paraguayas. Cristo vive y renueva con su Palabra y sus Sacramentos la unidad del Pueblo de Dios confiándoles el servicio generoso al prójimo. “Estuve enfermo…y ustedes hicieron algo por mí”. ¡Qué bueno es dar sentido a la vida en la ayuda solidaria y desde la fe cristiana, construir nuestra sociedad más justa, más fraterna, más atenta al medio ambiente y más cercana a Dios!

En tiempo de crisis no tenemos certeza de la gravedad de este impacto, especialmente sobre ustedes jóvenes. Solo constamos que las víctimas mortales son cada vez más crecientes. Las circunstancias actuales de la pandemia, no trunquen su esperanza porque Cristo, el Hijo de Dios, está presente en medio nuestro. Somos el “Cuerpo de Cristo” cada uno con sus dones y servicio.

Ustedes jóvenes, en este difícil tiempo, tienen la misión de ayudar a la sociedad para evaluar cómo estamos obrando y cuánto estamos haciendo para preservar vida. Saben bien la situación presente, la vulnerabilidad de las personas, la inseguridad a causa de grupos sociales que perpetran secuestros, hurtos, asaltos. También los que se aprovechan de la circunstancia para sus intereses alejados del bien común y la justicia. En esta guerra biológica, ustedes jóvenes, son portadores de la fe cristiana, porque Cristo vive e invita a la convivencia humana. El diálogo, la escucha de los que sufren, el consuelo que se les da, les animan a sobrevivir y protegerse ante el contagio. Unidos en el bien, fortalecidos por el amor y animados por la justicia podemos avanzar y salir airosos. Juntos saldremos airosos de estas pruebas.

¡Feliz día de la Juventud! ¡Nos alegramos con ustedes que son la primavera de la Iglesia y de la sociedad! El Señor Resucitado y glorioso, junto con María, les bendigan con su paz.

Mons. Edmundo Valenzuela, sdb

Arzobispo de Asunción