Alemania planea nuevas medidas drásticas para contener la segunda ola de la epidemia de covid-19, con el cierre por un mes de bares, restaurantes e instalaciones deportivas y culturales, según las propuestas que el gobierno de Angela Merkel debe discutir este miércoles con las regiones.

Frente a una «dinámica exponencial» de nuevos contagios y una «situación muy grave», estas nuevas restricciones entrarían en vigor el 4 de noviembre, señala un proyecto de acuerdo entre la cancillería y los líderes regionales al que tuvo acceso la AFP.

El escenario propuesto prevé un cierre por un mes de restaurantes, bares e instalaciones deportivas, culturales y de entretenimiento, como cines, salas de concierto y teatros.

Se trata para los responsables alemanes de salvar el periodo de las fiestas de fin de año. El objetivo es «interrumpir rápidamente la dinámica de contagios para que no sea necesaria ninguna restricción a gran escala en los contactos personales y la actividad económica durante las vacaciones de Navidad», precisa el proyecto de acuerdo.

«La esperanza es tener la situación controlada antes de Navidad» y evitar un reconfinamiento total de varias semanas, subraya una fuente cercana al gobierno en Berlín. La mayoría de los mercados de Navidad, tan apreciados en Alemania, ya fueron anulados por la pandemia.

Durante este reconfinamiento parcial, las escuelas y las guarderías permanecerían abiertas. Las reuniones privadas se limitarían solo a un grupo de invitados provenientes del mismo hogar. Los hoteles ya no podrían recibir clientes para estadías turísticas.

Incluso si el país atraviesa esta situación mejor que otros países europeos como Francia o España, como fue el caso durante la primera ola entre marzo y junio, el mapa de Alemania va poco a poco tiñéndose de rojo.

Los nuevos contagios de covid-19 subieron a los 10.000 casos diarios, y el miércoles se alcanzó un récord de 14.964 en 24 horas, según el instituto de control epidemiológico Robert Koch.

– El peso de las regiones –

«Tendremos probablemente unos 20.000 nuevos contagios a partir del fin de semana», advirtió el ministro de Economía conservador Peter Altmaier.

«La situación es muy grave. Las medidas aplicadas no bastan para frenar la tendencia», constató por su parte Armin Laschet, jefe de gobierno de la región más poblada de Alemania, Renania del Norte-Westfalia.

El gobierno no ha dejado en estos últimos días de pedir a los alemanes que se queden en casa lo más posible.

La dificultad es encontrar un punto común entre Berlín y los líderes de las dieciséis regiones alemanes, que son responsables en materia sanitaria en este país federal.

Quince día atrás, Angela Merkel y los dirigentes regionales decidieron limitar el número de participantes en reuniones privadas, consideradas como focos de contagio, y ampliar el uso de mascarilla.

Pero fracasaron en su intento de ponerse de acuerdo sobre una estrategia común. Merkel se declaró «insatisfecha», una declaración pública poco común en ella.

Como en toda Europa, el temor es dar un nuevo golpe a una economía convaleciente.

La academia nacional de ciencias Leopoldine, muy respetada por el gobierno federal, recomendó una reducción «drástica» de los contactos para combatir un desarrollo del virus que se ha vuelto «incontrolable» en ciertas regiones.
Fuente: AFP