El periodista e investigador Roberto Paredes, recordó los 40 años del asesinato del último dictador de Nicaragua, asilado en Paraguay, el general Anastasio Somoza. Mencionó que éste había sido destituido en 1979 y se dirigió a Estados Unidos, pero no le permitieron quedarse. Entonces el país norteamericano gestionó el asilo en Paraguay y se lo recibió.

En Paraguay llegó a vivir y hacer negocios, “pero también conspiraba desde acá para volver al poder, según Enrique Gorriarán Merlo (argentino) quien se atribuyó el atentado que termino con la vida de Somoza”. El guerrillero había dicho que mataron al dictador no por lo que había hecho, sino por lo que podría hacer en su calidad de conspirador.

Esa mañana Somoza sale a la avenida España, camino al centro de Asunción. Entonces “lo intercepta un camioncito cerca de la calle América; Gorriarán se da cuenta que el vehículo no era blindado y le descarga todo un cargador de ametralladora sobre el cuerpo”. Fue Hugo Alfredo Irurzún quien disparó el bazucaso contra el automóvil de Somoza, “pero este ya estaba muerto con unos 27 impactos de balas”.

Los exguardaspaldas paraguayos de Somoza se comunicaron con Paredes, y explicaron que “todo indica que manos extrañas estuvieron moviéndose detrás”. Porque unas semanas antes del atentado, el esquema de seguridad estaba prácticamente desmontado. “Se les saca las armas pesadas, quedaron con revólveres. No tenía coche escolta, Su vehículo blindado había chocado y nunca se retiró, no tenían los walkie talkies y no podían comunicarse entre ellos”.

Si bien está claro que se trató de un atentado del Ejército Revolucionario del Pueblo, pero sin dudas “manos negras facilitaron la muerte de Somoza. Al parecer parte del régimen stronista estaba complotado con los sandinistas que no querían más a Anastasio”.